Tres recios golpes,fieros como aldabonazos,dieron al traste con la paz que se respiraba en el despacho del Comisario.Apagando el cigarro con delicadeza,Clodomiro volvió a la desapacible rutina.
-¡Pasa,maño!.¡Adelante,pues!-dijo con el vozarrón aguardentoso con el que regañaba a las ovejas o cortejaba a las mozas,según la ocasión-.¡Está abierto!
El cadáver de Roberto de Sousa yacía en el suelo de la sala de interrogatorios.La llamativa hinchazón de los ojos y el reguero de sangre que salía de las fosas nasales y de la comisura de la boca hablaba de la terrible paliza que acababa de sufrir.El policía negro se apretó los doloridos nudillos de la mano derecha con un gesto de dolor y miró al brasileño con fastidio.
La inspectora Roca continuó tecleando con soltura en su computadora hasta que el declinar de la luz le hizo darse cuenta de la hora.Sacó de su bolso un pequeño tupper y una cuchara de plata y comió,silenciosa y rápidamente,su platillo de choucrutte con salsa tártara.
-Este pelmazo no se despierta-murmuró mirando el cuerpo desmadejado que yacía en el suelo. 